¿Qué hacer?
V. "Plan" de un periódico político central para toda Rusia
c. ¿Qué tipo de organización necesitamos?
Por lo que precede, puede ver el lector que nuestra "táctica-plan" consiste en rechazar el llamamiento inmediato al asalto, en exigir que se organice "debidamente el asedio de la fortaleza enemiga" o, dicho en otros términos, en exigir que todos los esfuerzos se dirijan a reunir, organizar y movilizar un ejército regular. Cuando pusimos en ridículo a Rabócheie Dielo por el cambio que dio, pasando del "economismo" a los gritos sobre la necesidad del asalto (gritos que dio en el número 6 de Listok "R. Diela" (92) en abril de 1901), dicho órgano nos atacó, como es natural, acusándonos de "doctrinarismo", diciendo que no comprendemos el deber revolucionario, que exhortamos a la prudencia, etc. desde luego, en modo alguno nos ha extrañado esta acusación en boca de gentes que carecen de todo principio y que salen del paso con la sabihonda "táctica-proceso"; como tampoco nos ha extrañado que esta acusaciónn la haya repetido Nadiezhdin, que en general tiene el desprecio más olímpico por la firmeza de los principios programáticos y tácticos.
Dicen que la historia no se repite. Pero Nadiezhdin hace los imposibles por repetirla e imitarla con tesón a Tkachov, denigrando el "culturalismo revolucionario", vociferando sobre "las campanas al vuelo del Veche"*, pregonando un "punto de vista" especial "de vísperas de la revolución", etc. Por lo visto, olvida la conocida sentencia de que, si el original de un acontecimiento histórico es una tragedia, su copia no es más que una farsa (93). La tentativa de adueñarse del poder –tentativa preparada por la prédica de Tkachov y realizada por el terrorismo "horripilante" y que en realidad horripilaba entonces– era majestuosa, y, en cambio, el terrorismo "excitante" del pequeño Tkachov es simplemente ridículo; sobre todo, es ridículo cuando se complementa con la idea de organizar a los obreros medios.
* Veche: asamblea popular en la antigua Rusia, para la que se convocaba al toque de campana. (N. de la edit.)
"Si Iskra –escribe Nadiezhdin– saliese de su esfera del literaturismo, vería que esto (hechos como la carta de un obrero en el número 7 de Iskra, etc.) son síntomas demostrativos de que pronto, muy pronto, comenzará el "asalto", y hablar ahora (¡sic!) de una organización cuyos hilos arranquen de un periódico central para toda Rusia es fomentar ideas y labor de gabinete". Fíjense en esta confusión inimaginable: por una parte, terrorismo excitante y "organización de los obreros medios" a la par con la idea de que es "más fácil" reunirse en torno a algo "más concreto", por ejemplo, de periódicos locales, y, por otra parte, hablar "ahora" de una organización para toda Rusia significa dar ideas de gabinete, es decir (empleando un lenguaje más franco y sencillo), ¡"ahora" ya es tarde! Y para "fundar a vasta escala periódicos locales" ¿no es tarde, respetabilísimo L. Nadiezhdin? Comparen con eso el punto de vista y la táctica de Iskra: el terrorismo excitante es una tontería; hablar de organizar precisamente a los obreros medios y de fundar a vasta escala periódicos locales significa abril de par en par las puertas al "economismo". Es preciso hablar de una organización de revolucionarios única para toda Rusia, y no será tarde hablar de ella hasta el momento en que empiece el asalto de verdad, y no sobre el papel.
"Si –continúa Nadiezhdin-, en cuanto a la organización, nuestra situación está muy lejos de ser brillante: sí, Iskra tiene completa razón cuando dice que el grueso de nuestras fuerzas militares está construido pro voluntarios e insurrectos… Está bien que tengáis una idea lúcida del estado de nuestras fuerzas, pero ¿por qué olvidáis que la multitud no es en absoluto nuestra y que por eso no nos preguntará cuándo hay que romper las hostilidades y se lanzará al "motín"?… Cuando la multitud empiece a actuar ella misma con su devastadora fuerza espontánea, puede arrollar y desalojar al "ejército regular", al que siempre se pensaba organizar en forma extraordinariamente sistemática, pero no hubo tiempo de hacerlo. (Subrayado por mí).
¡Extraña lógica! Precisamente porque "la multitud no es nuestra" es insensato e indecoroso dar gritos de "asalto" inmediato, ya que el asalto es un ataque de un ejército regular y no una explosión espontánea de la multitud. Precisamente porque la multitud puede arrollar y desalojar al ejército regular necesitamos sin falta que toda nuestra labor de "organización extraordinariamente sistemática" del ejército regular marche a la par con el auge espontáneo, porque cuanto mejor consigamos esta organización tanto más probable será que el ejército regular no sea arrollado por la multitud, sino que se ponga a su frente y la encabece. Nadiezhdin se confunde porque se imagina que este ejército sistemáticamente organizado se ocupa de algo que lo aparta de la multitud, mientras que, en realidad, éste se ocupa exclusivamente de una agitación política múltiple y general, es decir, justamente de la labor que aproxima y funde en un todo la fuerza destructora espontánea de la multitud y la fuerza destructora consciente de la organización de revolucionarios. La verdad es que ustedes, señores, inculpan al prójimo las faltas propias, pues precisamente el grupo Svoboda, al introducir en el programa el terrorismo, exhorta con ello a crear una organización de terroristas, y una organización así desviaría realmente a nuestro ejército de su aproximación a la multitud que, por desgracia, ni es aún nuestra ni nos pregunta, o nos pregunta poco, cuándo y cómo hay que romper las hostilidades.
"Nos pillará desprevenidos la propia revolución –continúa Nadiezhdin, asustando a Iskra-, como nos ha ocurrido con los acontecimientos actuales, que nos han caído encima como un alud". Esta frase, relacionada con las que hemos citado antes, nos demuestra palmariamente que es absurdo el "punto de vista" especial "de vísperas de la revolución" ideado por Svoboda*. Hablando sin ambages, el "punto de vista" especial se reduce a que "ahora" ya es tarde para deliberar y prepararse. Pero en este caso, ¡oh, respetabilísimo enemigo del "literaturismo"!, ¿para qué escribir 132 páginas impresas "sobre cuestiones de teoría** y táctica"? ¿No le parece que "al punto de vista de vísperas de la revolución" le iría mejor publicar 132.000 octavillas con un breve llamamiento: "¡Por ellos!"?
* En vísperas de la revolución, pág. 62.
** Dicho sea de paso, L. Nadiezhdin no dice casi nada de los problemas de teoría en su "revista de cuestiones teóricas", si prescindimos del siguiente pasaje, sumamente curioso "desde el punto de vista de vísperas de la revolución": "La bernsteiniada en su conjunto pierde para nuestro momento su carácter agudo, como lo mismo nos da que el señor Adamóvich demuestre que el señor Struve debe presentar la dimisión o que, por el contrario, el señor Struve desmienta al señor Adamóvich y no consienta en dimitir. Nos da absolutamente igual, porque ha sonado la hora decisiva de la revolución" (pág. 110). Sería difícil describir con mayor relieve la despreocupación infinita de L. Nadiezhdin por la teoría. ¡¡Como hemos proclamado que estamos en "vísperas de la revolución", "nos da absolutamente lo mismo" que los ortodoxos logren o no desalojar definitivamente de sus posiciones a los críticos!! ¡Y nuestro sabio no se percata de que, precisamente durante la revolución, nos harán falta los resultados de la lucha teórica contra los críticos para luchar resueltamente contra sus posiciones prácticas!
Precisamente correr menor riesgo de que lo pille desprevenido la revolución quien coloca en el ángulo principal de todo su programa, de toda su táctica, de toda su labor de organización la agitación política entre todo el pueblo, como hace Iskra. Los que se dedican en toda Rusia a trenzar los hilos de la organización que arranque de un periódico central para todo el país, lejos de que los pillen desprevenidos los sucesos de la primavera, nos han ofrecido la posibilidad de pronosticarlos. Tampoco los han pillado desprevenidos las manifestaciones descritas en los números 13 y 14 de Iskra; por el contrario, han tomado parte en ellas, con viva conciencia de que su deber era acudir en ayuda del ascenso espontáneo de la multitud, contribuyendo al mismo tiempo, por medio de su periódico, a que todos los camaradas rusos conozcan estas manifestaciones y utilicen su experiencia. ¡Y si conservan la vida, tampoco dejarán que los pille desprevenidos la revolución, que reclama de nosotros, ante todo y por encima de todo, que saquemos experiencia en la agitación, sepamos apoyar (apoyar a la manera socialdemócrata) toda protesta y acertemos a orientar el movimiento espontáneo, salvaguardándolo de los errores de los amigos y de las celadas de los enemigos!
Hemos llegado, pues, a la última razón que nos obliga a hacer particular hincapié en el plan de una organización formada en torno a un periódico central para toda Rusia, mediante la labor conjunta en este periódico común. Sólo una organización semejante aseguraría la flexibilidad indispensable a la organización socialdemócrata combativa, es decir, la capacidad de adaptarse en el acto a las condiciones de lucha más variadas y cambiantes con rapidez; saber, "de un lado, rehuir las batallas en campo abierto contra un enemigo que tiene superioridad aplastante de fuerzas, cuando concentra éstas en un punto, y para saber de otro lado, aprovechar la torpeza de movimientos de este enemigo y lanzarse sobre él en el sitio y en el momento en que menos espere ser atacado"*. Sería un gravísimo error montar la organización del partido cifrando las esperanzas sólo en las explosiones y luchas de las calles o sólo en la "marcha progresiva de la lucha cotidiana y monótona". Debemos desplegar siempre nuestra labor cotidiana dispuestos a todo, porque muchas veces es casi imposible prever por anticipado cómo alternarán los períodos de explosiones con los de calma y, aun cuando fuera posible preverlo, no se podría aprovechar la previsión para reconstruir la organización, porque en un país autocrático estos cambios se producen con asombrosa rapidez, a veces como consecuencia de una incursión, nocturna de los genízaros zaristas (94). De la revolución misma no debe uno forjarse la idea de que sea un acto único (como, por lo visto, se la imaginan los Nadiezhdin), sino de que es una sucesión rápida de explosiones más o menos violentas, alternando con períodos de calma más o menos profunda. Por tanto, el contenido fundamental de las actividades de la organización de nuestro partido, el centro de gravedad de estas actividades debe consistir en una labor que es posible y necesaria tanto durante el período de la explosión más violenta como durante el de la calma más completa, a saber: en una labor de agitación política unificada en toda Rusia que arroje luz sobre todos los aspectos de la vida y que dirija a las más grandes masas. Y esta labor es inconcebible en la Rusia actual sin un periódico central para toda Rusia que aparezca muy a menudo. La organización que se forme por sí misma en torno a este periódico, la organización de sus colaboradores (en la acepción más amplia del término, es decir, de todos los que trabajan en trono a él) estará precisamente dispuesta a todo, desde salvar el honor, el prestigio y la continuidad del partido en los momentos de mayor "depresión" revolucionaria, hasta prepara la insurrección armada de todo el pueblo, fijar fecha para su comienzo y llevarla a la práctica.
* Iskra, núm. 4: ¿Por dónde empezar? "Un trabajo largo no asusta a los revolucionarios culturalistas que no comparten el punto de vista de vísperas de la revolución", escribe Nadiezhdin (pág. 62). Con este motivo haremos la siguiente observación: si no sabemos elaborar una táctica política y un plan de organización orientados sin falta hacia una labor muy larga y que al mismo tiempo aseguren, por el propio proceso de este trabajo, la disposición de nuestro partido a ocupar su puesto y cumplir con su deber en cualquier circunstancia imprevista, pro más que se precipiten los acontecimientos, seremos simplemente unos deplorables aventureros políticos. Sólo Nadiezhdin, que ha empezado a llamarse socialdemócrata desde ayer, puede olvidar que el objetivo de la socialdemocracia consiste en transformar de raíz las condiciones de vida de toda la humanidad, pro lo cual es imperdonable que un socialdemócrata se "asuste" por lo largo del trabajo.
En efecto, figurémonos una redada completa, muy corriente entre nosotros, en una o varias localidades. Al no haber en todas las organizaciones locales una labor común llevada en forma regular, estos descalabros van acompañados a menudo de la interrupción del trabajo por largos meses. En cambio, si todas tuvieran una labor común, bastarían, en el caso de la mayor redada, unas cuantas semanas de trabajo de dos o tres personas enérgicas para poner en contacto con el organismo central común a los nuevos círculos de la juventud que, como es sabido, incluso ahora brotan con suma rapidez; y cuando la labor común que sufre los descalabros está a la vista de todo el mundo, los nuevos círculos pueden surgir y ponerse en contacto con dicho organismo central más pronto aún.
Por otra parte, imagínense una insurrección popular. Ahora es probable que todo el mundo esté de acuerdo en que debemos pensar en ella y prepararnos para ella. Pero ¿cómo prepararnos? ¡No se querrá que el Comité Central, éste no lograría absolutamente nada con designarlos, dadas las actuales condiciones rusas. Por el contrario, una red de agentes* que se forme por sí misma en el trabajo de organización y difusión de un periódico central no tendría que "aguardar con los brazos cruzados" la consigna de la regular que le garantizase, en caso de insurrección, las mayores probabilidades de éxito. Esa misma labor es la que reforzaría los lazos de unión tanto con las más grandes masas obreras como con todos los sectores descontentos de la autocracia, lo cual suma importancia para la insurrección. En esa labor precisamente se formaría la capacidad de enjuiciar con tino la situación política general y, por tanto, la capacidad de elegir el momento adecuado para la insurrección. Esa misma labor es la que acostumbraría a todas las organizaciones locales a hacerse unísono eco de los problemas, casos y sucesos políticos que agitan a toda Rusia, responder a estos "sucesos" con la mayor energía posible, de la manera más uniforme y conveniente posible; y la insurrección es, en el fondo, la "respuesta" más enérgica, más uniforme y más conveniente de todo el pueblo al gobierno. Esa misma labor es la que acostumbraría, por último, a todas las organizaciones revolucionarias, en todos los confines de Rusia, a mantener las relaciones más constantes, y conspirativas a la vez, que crearían la unidad efectiva del partido; sin estas relaciones es imposible discutir colectivamente un plan de insurrección ni adoptar las medidas preparatorias indispensables en vísperas de ésta, medidas que deben guardarse en el secreto más riguroso.
* ¡Ay! ¡Se me ha escapado una vez más la truculenta palabra "agentes" que tanto hiere el democrático oído de los Martínov! Me extraña que esta palabra no haya molestado a los corifeos de la década del y0 y, en cambio, moleste a los primitivos de la del 90. Me gusta esta palabra, porque indica de un modo claro y tajante la causa común a la que todos los agentes subordinan sus pensamientos y sus actos, y si hubiese que sustituir esta palabra por otra, yo sólo elegiría el término "colaborados", si éste no tuviese cierto deje de literaturismo y de vaguedad. Porque lo que necesitamos es una organización militar de agentes. A propósito sea dicho, los numerosos Martínov (sobre todo, en el extranjero), que gustan de "ascenderse recíprocamente a generales", podrían decir, en lugar de "agente en asuntos de pasaportes", "comandante en jefe de la unidad especial destinada a proveer de pasaportes a los revolucionarios", etc.
En pocas palabras, "el plan de un periódico político central para toda Rusia", lejos de ser el fruto de un trabajo de gabinete de personas contaminadas de doctrinarismo y literaturismo (como les ha parecido a gentes que han meditado poco en él), es, por el contrario, el plan más práctico de empezar a prepararse en el acto y por doquier par la insurrección, sin olvidar al mismo tiempo ni por un instante la labor corriente de cada día.